Hay proyectos que se cierran cuando se entrega el último sprint. Y hay proyectos que, meses después de lanzados, siguen escribiendo su propia historia sin que nosotros tengamos que hacer nada más que leerla. HeroComic es, sin dudas, de los segundos.
El desafío
HeroComic nació con una idea simple de contar, pero difícil de ejecutar bien: transformar a cada chico en el protagonista de su propia historia. No un cuento genérico con un nombre insertado al pasar, sino una plataforma capaz de tomar una foto, una idea, una experiencia, y convertirla en un cómic o cuento ilustrado hecho a medida, con arte generado por inteligencia artificial y adaptado a la edad del lector.
El objetivo de fondo era todavía más ambicioso que la tecnología: fomentar el hábito de la lectura en un momento en el que competir por la atención de un chico es cada vez más difícil. La hipótesis del cliente era clara — cuando el lector se ve a sí mismo en la historia, la atención, la comprensión y las ganas de seguir leyendo se multiplican — y nuestro trabajo fue construir la plataforma que hiciera eso posible, de punta a punta, en un plazo ajustado.
Noventa días, sin atajos
Nos propusimos —y cumplimos— llevar HeroComic de la idea a una plataforma funcionando en 90 días. Eso incluyó diseñar la experiencia completa para distintos públicos (familias, docentes, escuelas, editoriales, empresas), integrar los modelos de IA que generan tanto el texto como las ilustraciones en múltiples estilos artísticos — manga, cartoon, cómic americano, realista —, y construir una plataforma 100% online, pensada para que cualquier persona, sin conocimientos técnicos, pudiera crear una historia personalizada en minutos.
Noventa días es un plazo corto para un producto con esta cantidad de capas: personalización real basada en fotos, generación de contenido adaptado por edad, múltiples estilos visuales, y una experiencia de usuario que tenía que ser simple incluso para un padre o una docente que nunca usó una herramienta de IA en su vida. No hubo margen para atajos. Cada decisión de producto se tomó pensando en un objetivo muy concreto: que el chico que abre esa historia sienta, desde la primera página, que es suya.
Lo que no esperábamos: el impacto real
Cumplir el plazo y entregar un producto sólido ya hubiese sido, para nosotros, un proyecto exitoso. Lo que no esperábamos fue lo que pasó después.
Empezaron a llegar mensajes. De padres contando que su hijo, que nunca había mostrado interés por sentarse a leer, pidió su cuento una y otra vez porque el protagonista era él. De docentes que encontraron en HeroComic una herramienta para trabajar valores y emociones en el aula, con historias que sus alumnos realmente querían leer, no que tenían la obligación de leer. De chicos que, en palabras de sus propios padres, se vieron reflejados en un personaje por primera vez.
Ese tipo de devolución no se planifica en un brief ni se mide únicamente con métricas de producto. Es la señal más clara de que un proyecto tocó algo más profundo que la funcionalidad: conectó con una necesidad real, la de sentirse visto, protagonista, importante dentro de una historia. Y eso, para una plataforma pensada específicamente para fomentar la lectura, es el resultado que de verdad importa.
Por qué este caso nos importa como agencia
En Roma no medimos un proyecto solo por si se entregó a tiempo o si la plataforma funciona correctamente, aunque eso, por supuesto, es la base innegociable de cualquier trabajo bien hecho. Medimos también si lo que construimos generó algo real en la vida de las personas que lo usan. HeroComic es un ejemplo de eso: un plazo cumplido, una plataforma sólida, y una comunidad de padres, docentes y chicos que hoy le escriben al cliente para contarle lo que esa herramienta significó para ellos.
El verdadero éxito: impacto sostenido
Cuando una empresa ve que su herramienta cambió el comportamiento de miles de chicos — que pasaron de no querer leer a pedir historias una y otra vez — eso no se mide en sprints completados ni en líneas de código. Se mide en la capacidad de un producto para resolver un problema real que existe en la realidad de las personas.
La historia de HeroComic cuenta algo más profundo sobre cómo pensamos el desarrollo de producto en Roma: no se trata solo de ejecutar bien, se trata de construir algo que importe genuinamente, que genere un cambio real, que siga escribiendo su propia historia mucho después de que nosotros dejamos de tocarla.
Eso es, en definitiva, lo que buscamos cada vez que empezamos un proyecto: no solo construir algo que funcione, sino algo que importe.
Si tenés un proyecto que necesita no solo ejecución, sino una estrategia y un producto pensados para generar impacto real, hablemos.




