Elon Musk predice más de 1.000 millones de robots humanoides en diez años: ¿el comienzo de una nueva economía?
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Elon Musk predice más de 1.000 millones de robots humanoides en diez años: ¿el comienzo de una nueva economía?

Musk estima que más de 1.000 millones de robots humanoides podrían funcionar en una década, con una productividad equivalente a cinco personas.

Daniel Antúnez

Daniel Antúnez

Fundador de RomaLatam

4 de septiembre de 20269 min de lectura

El fundador de Tesla y SpaceX volvió a poner una cifra difícil de imaginar sobre la mesa: más de 1.000 millones de robots humanoides podrían estar funcionando en el mundo dentro de una década. Según Musk, cada uno podría alcanzar una productividad equivalente a cinco personas. El verdadero salto, sin embargo, llegaría cuando los propios robots comiencen a fabricar otros robots.

Elon Musk tiene una particularidad cuando habla del futuro: sus predicciones suelen parecer exageradas hasta que dejan de serlo.

Esta vez, el número es difícil incluso de dimensionar.

Durante su participación por videoconferencia en el G20 Innovation Ministerial, realizado esta semana en Carolina del Norte, Musk aseguró que dentro de diez años podría haber más de 1.000 millones de robots humanoides en el planeta.

Pero la cifra de robots no fue lo más llamativo.

Musk estimó además que cada uno podría alcanzar una productividad de aproximadamente cinco veces la de un trabajador humano. Si esa hipótesis se cumpliera, esos robots tendrían una capacidad productiva superior a la de toda la población humana combinada.

La pregunta, entonces, deja de ser solamente cuántos robots habrá.

La verdadera pregunta es qué tipo de economía existiría en un mundo así.

No se trata solamente de robots

La visión de Musk no consiste en imaginar fábricas llenas de máquinas haciendo tareas repetitivas.

Su apuesta es mucho más ambiciosa: desarrollar un robot humanoide de propósito general capaz de desenvolverse en los mismos espacios que las personas, utilizar herramientas diseñadas para humanos y aprender una enorme variedad de tareas.

Para Musk, la utilidad de estos robots dependerá de la combinación de tres elementos: la calidad del software de inteligencia artificial, la capacidad de procesamiento de los chips instalados en el robot y la destreza mecánica, especialmente la de sus manos.

Es decir, el robot no sería simplemente un brazo industrial con piernas.

Sería una especie de trabajador generalista artificial.

Podría desplazarse por una fábrica, manipular objetos, utilizar herramientas, transportar materiales, realizar tareas de mantenimiento o trabajar en entornos diseñados originalmente para personas.

Y ahí aparece uno de los puntos más importantes de la predicción.

El momento en que los robots empiecen a fabricar robots

Musk considera que la evolución podría acelerarse cuando las propias máquinas sean capaces de participar en la fabricación de nuevas máquinas.

El concepto que utilizó fue el de un crecimiento “recursivo”.

En una primera etapa, los humanos fabricarían robots.

Pero si los robots comienzan a fabricar robots, la capacidad productiva deja de depender exclusivamente de la cantidad de trabajadores humanos disponibles para construirlos.

Una fábrica podría utilizar robots para producir nuevos robots, que luego podrían incorporarse a nuevas fábricas y aumentar nuevamente la capacidad de producción.

La lógica es sencilla:

más robots → más capacidad productiva → más robots fabricados → todavía más capacidad productiva.

Musk sostiene que ese proceso podría comenzar lentamente y después adquirir una velocidad explosiva.

Es una de las razones por las que su predicción de 1.000 millones de unidades no puede analizarse simplemente como una estimación de ventas.

Está planteando un cambio en la propia capacidad industrial del planeta.

De 1.000 millones a una productividad cinco veces mayor

Hay otra parte de la predicción que puede resultar todavía más disruptiva.

Musk calcula que un robot humanoide podría tener una productividad equivalente a aproximadamente cinco trabajadores humanos.

Si se toma literalmente esa hipótesis, 1.000 millones de robots representarían una capacidad productiva equivalente a unos 5.000 millones de trabajadores humanos.

Eso no significa necesariamente que cinco personas vayan a perder su empleo por cada robot.

La productividad económica es mucho más compleja.

Una máquina puede aumentar la producción de una empresa sin reemplazar completamente a las personas. También puede crear nuevas actividades, reducir costos, generar nuevos servicios y aumentar la demanda.

Pero si las máquinas alcanzaran una capacidad generalista comparable con la de un trabajador y pudieran funcionar durante muchas más horas, el impacto sería difícil de comparar con cualquier revolución industrial anterior.

¿Qué trabajos podrían cambiar primero?

Los primeros sectores afectados probablemente no serían aquellos donde la interacción humana sea el principal valor.

El impacto inicial tendría más posibilidades de aparecer en actividades donde las tareas son físicas, repetitivas, peligrosas o desarrolladas en entornos relativamente estructurados.

Industria.

Logística.

Depósitos.

Construcción.

Mantenimiento.

Agricultura.

Limpieza.

Transporte interno.

Operaciones industriales.

Y también algunas tareas de servicios.

La ventaja de un humanoide es precisamente que no necesita que el mundo sea rediseñado completamente para él.

Un robot con forma humana puede utilizar escaleras, puertas, herramientas, estanterías y espacios que ya fueron construidos para personas.

Eso podría acelerar su incorporación a determinados lugares de trabajo.

Sin embargo, existe una enorme diferencia entre demostrar que un robot puede realizar una tarea y conseguir que pueda hacerla millones de veces, de manera segura, económica y confiable.

Y ese es uno de los grandes interrogantes que enfrenta la industria.

La cifra de Musk todavía está muy lejos

La predicción debe ponerse en contexto.

El mercado de robots humanoides está creciendo rápidamente, pero todavía se encuentra en una etapa temprana. China, por ejemplo, está aumentando fuertemente su producción y despliegue de robots, aunque una parte importante de la automatización actual continúa basada en máquinas especializadas y no en humanoides.

Esto es importante porque 1.000 millones de robots en diez años implicaría una escala industrial extraordinaria.

No alcanza con desarrollar una inteligencia artificial capaz de controlar un robot.

Hay que fabricar motores, baterías, sensores, cámaras, actuadores, chips, manos robóticas y miles de componentes adicionales.

Después hay que ensamblarlos.

Y, sobre todo, hay que conseguir que el costo sea suficientemente bajo para que las empresas y eventualmente los consumidores quieran comprarlos.

La historia de la tecnología demuestra que pasar de un prototipo impresionante a una producción masiva puede llevar muchos años.

Por eso, la predicción de Musk debe entenderse como una apuesta sobre el futuro, no como una proyección confirmada de la industria.

El otro cuello de botella: la energía

Curiosamente, en su intervención ante el G20, Musk habló de otro problema que podría ser tan importante como la fabricación de los robots: la electricidad.

El empresario advirtió sobre una posible falta de capacidad energética para acompañar el crecimiento de la inteligencia artificial.

Según Musk, la fabricación de chips para IA está creciendo mucho más rápido que la capacidad de generación eléctrica fuera de China y citó una posible brecha de alrededor de 15 gigavatios para 2027.

Esto permite entender algo fundamental.

El futuro de los robots no depende únicamente de los robots.

Depende también de los chips que los hacen funcionar, de los centros de datos que entrenan sus modelos, de las redes de comunicaciones y de la electricidad necesaria para alimentar toda esa infraestructura.

En otras palabras, detrás de un robot humanoide hay una gigantesca infraestructura tecnológica.

Musk también imagina una economía radicalmente diferente

La predicción de los robots forma parte de una visión todavía más grande.

Durante la misma intervención, Musk estimó que la inteligencia artificial podría aumentar la economía mundial entre un 20% y un 30%, lo que equivaldría, según sus cálculos, a unos 20 o 30 billones de dólares adicionales por año.

Pero considera que la robótica podría tener un efecto todavía mayor.

Su hipótesis es que una combinación de inteligencia artificial y robots humanoides podría multiplicar la producción económica mundial varias veces, llegando potencialmente a un factor de diez o más.

Es una afirmación extraordinaria.

Y también una que obliga a pensar más allá de la tecnología.

Porque si producir bienes y servicios requiere cada vez menos trabajo humano, la relación tradicional entre empleo, ingresos y consumo podría comenzar a cambiar.

¿Qué pasa si trabajar deja de ser indispensable?

Esta es probablemente la parte más profunda de la discusión.

Durante siglos, la economía se organizó alrededor de una idea bastante simple: las personas trabajan, reciben ingresos y utilizan esos ingresos para consumir bienes y servicios.

Una economía dominada por máquinas altamente productivas podría alterar esa ecuación.

Si una empresa puede producir mucho más utilizando robots, podría reducir costos y aumentar sus márgenes.

Pero si simultáneamente necesita menos trabajadores, aparece una pregunta incómoda:

¿quién compra todo lo que producen las máquinas?

La respuesta podría estar en mayores salarios para los trabajadores altamente calificados, nuevas profesiones, reducción de precios, nuevos modelos de distribución de la riqueza o incluso mecanismos que hoy todavía no forman parte del sistema económico tradicional.

No existe una respuesta única.

Y justamente por eso la revolución robótica no es solamente una cuestión de ingeniería.

También es una cuestión económica y social.

La carrera ya empezó

Aunque 1.000 millones de robots parezca una cifra de ciencia ficción, la competencia por desarrollar los primeros robots humanoides comercialmente útiles ya está en marcha.

Tesla trabaja en Optimus, mientras empresas estadounidenses y chinas avanzan en diferentes diseños y aplicaciones. China, en particular, está construyendo rápidamente una industria robótica que combina fabricación, inteligencia artificial y automatización industrial.

La cuestión ya no es si los robots humanoides van a existir.

Existen.

La discusión ahora es cuándo serán realmente útiles, cuánto costarán y a qué escala podrán producirse.

Y, sobre todo, cuándo pasarán de ser máquinas capaces de realizar demostraciones impresionantes a convertirse en herramientas habituales de millones de empresas.

¿Predicción o exageración?

Musk tiene un historial de predicciones extremadamente ambiciosas. Algunas se cumplieron, otras tardaron mucho más de lo anunciado y otras todavía están pendientes.

Por eso, tomar literalmente la cifra de 1.000 millones sería apresurado.

Pero descartarla simplemente porque parece exagerada también sería un error.

La razón es que varias tecnologías están avanzando simultáneamente.

La inteligencia artificial mejora.

Los chips son cada vez más potentes.

Los sistemas de visión artificial son más sofisticados.

Los robots adquieren mayor capacidad de movimiento.

La fabricación automatizada aumenta.

Y el costo de determinados componentes continúa bajando.

El efecto combinado de todas esas tecnologías podría producir avances difíciles de anticipar utilizando solamente las cifras actuales.

Ese es, precisamente, el punto central de la predicción de Musk.

No está diciendo simplemente que habrá muchos robots.

Está apostando a que la combinación de inteligencia artificial, robótica y fabricación automatizada puede crear un ciclo de crecimiento que transforme la capacidad productiva mundial.

El mundo que viene

Si Musk tiene razón, dentro de diez años los robots humanoides podrían dejar de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una parte habitual de la economía.

Podrían estar en fábricas, depósitos, hospitales, obras, comercios y hogares.

Podrían trabajar junto a personas o reemplazar determinadas tareas que hoy requieren mano de obra.

Y, en el escenario más ambicioso, podrían incluso participar en la fabricación de las máquinas que los reemplazarán o multiplicarán.

Pero quizás la pregunta más importante no sea si habrá 1.000 millones de robots.

La pregunta es qué hará la humanidad con una capacidad productiva que podría superar ampliamente sus propias capacidades físicas.

Porque si las máquinas finalmente consiguen producir más, más rápido y durante más tiempo que las personas, el gran desafío ya no será únicamente tecnológico.

Será decidir cómo se distribuye la riqueza, cómo cambia el trabajo y qué lugar ocupa el ser humano en una economía donde la productividad ya no tiene como principal límite a la capacidad humana.

La revolución de los robots todavía no llegó a ese punto.

Pero la carrera para llegar hasta allí ya comenzó.

Ver el video de Reuters: Musk habla sobre innovación, energía y regulación tecnológica.

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Daniel Antúnez

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Daniel Antúnez

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