La guerra silenciosa de los robots humanoides: la carrera que podría cambiar el trabajo para siempre
Por Daniel Antúnez, fundador de RomaLatam
Mientras el mundo sigue discutiendo sobre ChatGPT, generación de imágenes e inteligencia artificial, otra revolución avanza casi sin hacer ruido.
Tiene piernas. Tiene manos. Y ya empezó a trabajar.
Durante años los robots humanoides parecían pertenecer al mismo universo que las películas de ciencia ficción. Caminaban unos pocos pasos, se caían durante las demostraciones y necesitaban decenas de ingenieros para completar tareas simples.
Eso cambió.
En apenas unos años aparecieron empresas capaces de fabricar robots que ya clasifican objetos, transportan cajas, colaboran con operarios humanos y aprenden movimientos mediante inteligencia artificial.
Tesla convirtió a Optimus en uno de sus proyectos más ambiciosos. Mientras tanto, Figure comenzó a realizar pruebas dentro de plantas industriales junto a BMW. Del otro lado del mundo apareció Unitree, que logró desarrollar robots humanoides considerablemente más económicos que muchos competidores occidentales.
La verdadera pregunta ya no es si funcionarán. La pregunta es cuándo dejarán de ser una rareza.
Los robots humanoides parecen recorrer un camino parecido al de la inteligencia artificial. Primero llegaron los videos virales. Después las pruebas industriales. Lo siguiente podría ser la expansión hacia depósitos, supermercados, hoteles, hospitales y oficinas.
Lo más probable es que primero automaticen tareas repetitivas, físicamente exigentes o peligrosas: mover mercadería, clasificar productos, realizar inspecciones y transportar materiales.
Durante décadas automatizar significaba comprar una máquina diseñada para hacer una única tarea. Los robots humanoides proponen otra lógica: una misma plataforma podría aprender distintos trabajos mediante software.
La revolución de la inteligencia artificial todavía ocurre principalmente dentro de una pantalla. La revolución de los robots humanoides empezará cuando esa inteligencia pueda levantarse de la silla y caminar por una fábrica.




