Este domingo, River Plate perdió 1-0 en su propia cancha ante Rosario Central y sigue sin ganar en el Torneo Clausura 2026. Boca Juniors, por su parte, apenas pudo empatar 2-2 en Rosario ante Newell's, todavía sin conocer la victoria en el campeonato. Dos de los clubes más grandes y más poderosos del país, con planteles cargados de nombres y de presupuesto, siguen sin encontrar rumbo.
Mientras tanto, a pocas cuadras de distancia, Rosario Central llega a este semestre como el equipo más regular del fútbol argentino: 31 puntos en 16 partidos durante el semestre pasado, con una sola derrota en todo el torneo. Un club que no tiene el poder económico de River ni la estructura histórica de Boca, y que sin embargo construyó, en el último año y medio, el proyecto más sólido de la liga. Con una sola gran diferencia respecto a los grandes: en el corazón de ese proyecto está Ángel Di María.
Un plantel repleto de campeones del mundo, sin rumbo claro
River tiene, en su plantel actual, a Franco Armani, Germán Pezzella, Gonzalo Montiel, Marcos Acuña y Nicolás Otamendi: cinco campeones del mundo de Qatar 2022, la mayor concentración de la liga. Boca tiene a Leandro Paredes, otro campeón del mundo, además de una estructura y un poder de convocatoria que pocos clubes del continente pueden igualar.
Y sin embargo, ninguno de los dos encuentra una identidad de juego clara ni resultados sostenidos. River no gana, no convierte, y ya quedó afuera de la Copa Argentina. Boca reparte puntos partido tras partido y todavía no logró ganar en el arranque del Clausura. Tener a varios de los mejores jugadores del mundo en el plantel, aparentemente, no es garantía de nada si no hay un proyecto claro detrás que le dé sentido a esos nombres.
Un club, una figura, un proyecto con identidad
Rosario Central hizo exactamente lo contrario: en lugar de acumular estrellas, construyó todo un proyecto deportivo alrededor de una sola figura, con un rol claro dentro y fuera de la cancha. Di María llegó al club de su infancia en 2025, después de sus pasos por Benfica y Juventus, con la idea explícita de retirarse ahí. Desde entonces, se transformó en el líder futbolístico y anímico de un equipo que encontró en él no solo calidad técnica, sino una identidad y un estándar que el resto del plantel empezó a seguir.
El resultado no es casualidad: Central llegó a la final del semestre pasado y, aunque la perdió, mostró la regularidad más alta de todo el año. Hoy, mientras River y Boca todavía buscan encontrarse, Central sostiene el proyecto más sólido de la liga, con Di María como el nombre que lo explica todo.
La lección de marketing: no es cuántas figuras tenés, es qué hacés con ellas
Acá está el paralelo que vale la pena pensar más allá del fútbol. Es un error muy común, en cualquier negocio, asumir que sumar más nombres fuertes, más recursos o más inversión garantiza mejores resultados. River y Boca tienen, en conjunto, seis campeones del mundo en sus planteles. Eso, en términos de "capital de marca", es un activo enorme. Pero un activo sin una estrategia clara detrás no se traduce automáticamente en resultados. Es acumulación, no es foco.
Rosario Central, con muchísimos menos recursos, hizo lo que en marketing se conoce como construir alrededor de un mensaje único y coherente. No intentó competir sumando cantidad. Construyó todo un proyecto en torno a una sola figura que representa, de forma clara y consistente, lo que el club quiere ser. Esa claridad de propósito termina generando algo que ninguna acumulación de nombres logra por sí sola: identidad. Y la identidad, en una marca o en un equipo de fútbol, es lo que sostiene los resultados en el tiempo, no la cantidad de recursos disponibles.
La pregunta que le queda a cualquier marca
River y Boca tienen el capital para construir cualquier proyecto que se propongan. Lo que hoy les falta no es presupuesto ni nombres, es foco: una idea clara de qué quieren ser y cómo esos nombres encajan dentro de esa idea. Rosario Central, con una fracción de esos recursos, entendió antes que el resto que un proyecto con identidad clara, sostenido en una figura que lo representa de principio a fin, rinde más que la simple acumulación de talento disperso.
Es la misma pregunta que debería hacerse cualquier marca antes de sumar otro producto, otro embajador o otra línea de negocio: ¿estamos construyendo algo con una identidad clara, o solo estamos acumulando activos sin un proyecto que les dé sentido? La cantidad, sin foco, rara vez gana. El foco, incluso con menos recursos, casi siempre encuentra su forma de destacarse.
En ROMA pensamos cada estrategia de marca con esa misma lógica
No se trata de cuántos activos tiene una marca, sino de si esos activos están puestos al servicio de una identidad clara y sostenida en el tiempo. Si tu marca tiene los recursos pero le falta ese foco, hablemos.




