Las empresas que encontraron su verdadero negocio después de empezar con otra idea
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Las empresas que encontraron su verdadero negocio después de empezar con otra idea

Nintendo fabricaba cartas, Nokia producía papel y YouTube iba a ser un sitio de citas. Muchas grandes empresas llegaron a su negocio principal después de escuchar al mercado.

Daniel Antúnez

Daniel Antúnez

Fundador de RomaLatam

22 de septiembre de 20268 min de lectura

Las empresas que encontraron su verdadero negocio después de empezar con otra idea

Por Daniel Antúnez, fundador de RomaLatam

Hay algo fascinante en la historia de las grandes empresas: muchas de ellas no terminaron siendo famosas por aquello que originalmente habían decidido hacer.

Nintendo fabricaba cartas. Nokia producía papel. Avon vendía libros. Shopify nació porque alguien quería vender tablas de snowboard.

Y hay casos todavía más extraños: YouTube empezó como una idea de sitio de citas y Slack nació de una empresa que estaba haciendo un videojuego.

En todos estos casos ocurrió algo parecido: el negocio original existía, pero en algún momento apareció una señal que obligó a los fundadores a hacerse una pregunta incómoda:

¿Y si nuestro verdadero negocio es otro?

Nintendo empezó haciendo cartas

Hoy es imposible pensar en Nintendo sin pensar en Mario, Zelda, Pokémon o Nintendo Switch.

Pero la compañía nació en 1889, en Kioto, fabricando cartas japonesas tradicionales llamadas hanafuda. Durante décadas, Nintendo fue una empresa dedicada principalmente al negocio de las cartas y fue ampliando progresivamente su actividad hacia otros productos de entretenimiento.

Recién muchas décadas después comenzó a entrar en el mundo de los juegos electrónicos.

En 1963 pasó a llamarse Nintendo Co. Ltd. y comenzó a fabricar juegos además de cartas. En los años 70 empezó con videojuegos operados con monedas y en 1980 lanzó Game & Watch.

La Nintendo que conocemos hoy fue, en realidad, el resultado de una transformación que llevó casi un siglo.

La empresa no abandonó su historia. La utilizó como punto de partida para encontrar otro negocio.

Nokia empezó con una fábrica de papel

Esta probablemente sea una de las transformaciones más difíciles de imaginar.

Antes de ser sinónimo de teléfonos celulares, Nokia comenzó en 1865 como una fábrica de pulpa de madera en Finlandia.

Después pasó por diferentes industrias: productos de papel, cables, botas y neumáticos de caucho, dispositivos móviles y finalmente infraestructura de telecomunicaciones.

Es decir:

papel → caucho → cables → teléfonos → telecomunicaciones.

Durante su historia, Nokia no tuvo un único negocio permanente. Fue adaptándose a diferentes oportunidades y cambios tecnológicos.

Y eso plantea una cuestión interesante:

¿Una empresa es aquello que vende hoy o aquello que aprendió a hacer durante toda su historia?

YouTube iba a ser un sitio de citas

Esta probablemente sea una de las historias más conocidas, pero sigue siendo increíble.

Cuando Steve Chen, Chad Hurley y Jawed Karim registraron YouTube en febrero de 2005, la idea inicial era crear una plataforma de videos orientada a citas.

La propuesta era sencilla: las personas subirían videos de sí mismas y otros usuarios podrían verlos y calificarlos.

El problema fue bastante evidente:

nadie subía videos.

Según Steve Chen y Jawed Karim, después de lanzar el sitio descubrieron rápidamente que la idea no estaba funcionando. Entonces hicieron algo fundamental: dejaron de limitar YouTube a las citas y permitieron que cualquiera pudiera subir cualquier tipo de video.

El primer gran aprendizaje de YouTube no fue tecnológico.

Fue entender que el mercado estaba mostrando algo diferente de lo que habían imaginado.

Y hoy resulta casi imposible imaginar Internet sin YouTube.

Shopify nació para vender tablas de snowboard

Shopify tampoco comenzó intentando convertirse en Shopify.

En 2004, Tobi Lütke y sus socios crearon Snowdevil, una tienda online para vender tablas de snowboard.

Pero apareció un problema: las herramientas disponibles para construir una tienda de comercio electrónico no les permitían crear exactamente la experiencia que querían.

Entonces Lütke decidió programar su propio software.

Y ahí apareció la oportunidad.

El negocio que inicialmente querían construir era una tienda de snowboard.

Pero el problema que tuvieron que resolver para construir esa tienda terminó siendo mucho más interesante.

El producto que estaban construyendo para ellos mismos podía servirle a miles de otros comerciantes.

Snowdevil terminó siendo el punto de partida de Shopify.

Slack nació de un videojuego que no funcionó

Esta historia tiene algo especialmente interesante para cualquier empresa tecnológica.

Stewart Butterfield y su equipo habían creado una compañía llamada Tiny Speck.

Su producto era Glitch, un videojuego online.

Mientras desarrollaban el juego, el equipo utilizaba internamente una herramienta para comunicarse, compartir archivos y organizar conversaciones.

Glitch finalmente no funcionó como esperaban y el equipo decidió cerrar el juego.

Pero había algo que sí estaba funcionando:

la herramienta que habían construido para trabajar internamente.

Ese software terminó transformándose en Slack.

Una compañía que había invertido años intentando crear un videojuego terminó encontrando una oportunidad completamente diferente dentro de las herramientas que había desarrollado para hacerlo.

A veces el producto más valioso de una empresa no es el que salió a vender primero.

Instagram no empezó siendo Instagram

Antes de Instagram existía Burbn.

Era una aplicación bastante más compleja, relacionada con ubicaciones, check-ins y diferentes funciones sociales.

Kevin Systrom y Mike Krieger descubrieron algo mientras observaban cómo la gente utilizaba el producto: entre todas esas funciones, había una que generaba mucho interés.

Las fotos.

Los usuarios seguían compartiendo fotografías y reaccionando a ellas.

Entonces hicieron algo que muchas empresas tienen dificultades para hacer:

eliminaron casi todo.

Redujeron el producto y concentraron la experiencia en fotografías.

Ese cambio terminó dando lugar a Instagram.

La lección es interesante porque no siempre transformar una empresa significa agregar cosas.

A veces significa sacar todo lo que sobra hasta descubrir qué es realmente valioso.

Avon empezó vendiendo libros

David H. McConnell era vendedor de libros puerta a puerta.

Para convencer a potenciales clientes de escucharlo, comenzó a entregar pequeños perfumes como regalo.

Pero ocurrió algo inesperado.

Las personas estaban menos interesadas en los libros y mucho más interesadas en los perfumes.

McConnell prestó atención a ese comportamiento y en 1886 comenzó a desarrollar un negocio alrededor de los productos de belleza. De ahí surgiría la California Perfume Company, que posteriormente se convertiría en Avon.

Es uno de los ejemplos más claros de una empresa que encontró su verdadero negocio escuchando lo que sus clientes hacían, no solamente lo que la empresa quería venderles.

El producto originalmente era el regalo.

Terminó siendo el negocio.

Starbucks tampoco nació como la cafetería que conocemos

Hoy Starbucks está asociado a cafeterías, baristas, vasos para llevar y bebidas preparadas.

Pero el primer Starbucks abrió en Seattle en 1971 como una tienda que vendía café en grano, té y especias. Los clientes compraban el café para llevarlo a sus casas.

El cambio llegó cuando Howard Schultz conoció la cultura de las cafeterías italianas y volvió a Seattle con otra visión.

En 1987, Starbucks adoptó el modelo de cafetería que terminó convirtiéndose en el corazón de la marca.

La empresa no inventó el café.

Tampoco inventó las cafeterías.

Pero encontró una manera diferente de combinar producto, experiencia y espacio físico.

Y ahí apareció la compañía que conocemos hoy.

El patrón se repite

Nintendo, Nokia, YouTube, Shopify, Slack, Instagram, Avon y Starbucks parecen no tener demasiado en común.

Pero sus historias comparten algo.

Ninguna quedó completamente atrapada en su primera idea.

Algunas descubrieron una oportunidad inesperada.

Otras encontraron un producto que funcionaba mejor que el original.

Otras cambiaron porque el mercado las obligó.

Y otras descubrieron que una herramienta creada para resolver un problema interno podía convertirse en un negocio.

Hay una idea especialmente interesante detrás de todo esto:

Una empresa no siempre descubre su verdadero negocio el día que se funda.

A veces lo descubre después.

Después de equivocarse.

Después de escuchar a sus clientes.

Después de probar algo que parecía secundario.

Después de fracasar con el producto principal.

Después de darse cuenta de que aquello que habían creado para ellos mismos podía ser mucho más grande que aquello que habían salido a vender.

Entonces, ¿cuántas empresas conocemos por su segundo negocio?

Probablemente muchas más de las que pensamos.

Y quizás ahí haya una pregunta interesante para cualquier emprendedor:

¿Qué parte de tu empresa estás considerando secundaria hoy, pero podría convertirse en tu principal oportunidad mañana?

Porque tal vez el próximo gran negocio no esté en una idea completamente nueva.

Tal vez ya esté dentro de tu empresa.

Solo falta descubrirlo.

¿Cuál de estas historias conocías?

¿Nintendo? ¿Nokia? ¿YouTube? ¿Shopify? ¿Slack? ¿Instagram? ¿Avon? ¿Starbucks?

¿Qué otra empresa agregarías a la lista?

Leé más historias, ideas y tendencias en ROMA.

Daniel Antúnez es fundador de RomaLatam, agencia especializada en posicionamiento de marca y optimización para motores generativos (GEO).

Preguntas frecuentes

¿Qué tienen en común estas empresas?

Ninguna quedó atrapada en su primera idea: escucharon al mercado, detectaron oportunidades y transformaron sus capacidades.

¿Qué empresas empezaron con otro negocio?

Nintendo fabricaba cartas, Nokia producía papel, YouTube iba a ser un sitio de citas y Shopify nació para vender tablas de snowboard.

¿Qué puede aprender un emprendedor?

Que el negocio más valioso puede aparecer en un producto secundario, una herramienta interna o una señal inesperada de los clientes.

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Daniel Antúnez

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Daniel Antúnez

Fundador de RomaLatam

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