Nunca tuvimos tantas herramientas disponibles, nunca fue tan sencillo automatizar y nunca fue tan barato acceder a software avanzado. Sin embargo, muchas empresas siguen funcionando prácticamente igual.
Una investigación reciente de McKinsey muestra la contradicción: casi nueve de cada diez organizaciones encuestadas utilizan IA regularmente y ocho de cada diez empleados dicen que mejoró su productividad individual. Pero solo el 37% afirma que la IA ya contribuyó al EBIT de su organización.
Usar IA no es transformar
Una empresa puede tener ChatGPT, Copilot, agentes, automatizaciones y contenido generado sin haber cambiado realmente su negocio. Incorporar tecnología es relativamente sencillo; cambiar cómo funciona una organización es mucho más difícil.
Rediseñar procesos completos
La transformación aparece cuando una empresa se pregunta qué procesos deberían desaparecer, cuáles podrían rediseñarse y qué cosas nuevas son posibles. Un sistema puede recopilar información, analizarla, detectar anomalías y preparar una interpretación; otro puede resolver una parte de las conversaciones con clientes.
La ventaja futura
En unos años nadie se va a sorprender porque una empresa use IA. Será lo normal. La ventaja estará en qué hizo cada empresa con todo lo que la IA le permitió hacer.




