Un anillo inteligente parece, a primera vista, uno de los dispositivos más simples del ecosistema tecnológico. No tiene pantalla, teclado ni cámara.
Sin embargo, Ultrahuman está apostando precisamente por lo contrario: que el anillo pueda convertirse en una nueva computadora.
La startup india acaba de conseguir US$70 millones en una nueva ronda de financiación, con participación de Qualcomm Ventures, Labcorp y otros inversores. La operación elevó la valoración de la compañía a unos US$365 millones.
De medir el cuerpo a interactuar con él
Ultrahuman comenzó trabajando con dispositivos relacionados con salud metabólica y posteriormente convirtió sus anillos inteligentes en el centro de su negocio. El anillo mide frecuencia cardíaca, movimiento, sueño y otros indicadores.
Pero la empresa quiere cambiar la pregunta. En lugar de “¿qué puede medir un anillo?”, plantea: “¿qué puede hacer una computadora que conoce permanentemente tu estado físico?”.
El anillo podría convertirse en una interfaz
La visión de Ultrahuman incluye posibilidades bastante extrañas para un dispositivo que hasta hace poco asociábamos con el seguimiento del sueño. La compañía imagina el anillo funcionando como controlador, llave para el automóvil, interfaz para inteligencia artificial, dispositivo de interacción y plataforma para software desarrollado por terceros.
La idea más interesante es que el dispositivo no solamente detectaría lo que hace el usuario. También podría reaccionar a lo que está pasando dentro de su cuerpo.
Y hay un negocio detrás
Ultrahuman asegura que ya vendió alrededor de 800.000 anillos y que su negocio alcanza un ritmo anual de ingresos de aproximadamente US$140 millones. La compañía espera llevar ese ritmo hasta US$200 millones para enero de 2027.
La cuestión no es solamente vender otro wearable. Es intentar construir una nueva interfaz entre seres humanos y computadoras.
Durante décadas tuvimos que adaptar nuestro cuerpo a las computadoras: primero teclado y mouse, después pantalla táctil y luego voz. Ahora podríamos estar entrando en una etapa donde la computadora intenta entender directamente nuestro cuerpo.
Quizás el próximo dispositivo que utilicemos para interactuar con una inteligencia artificial no esté en nuestro bolsillo. Quizás esté en nuestro dedo.




